«El Buda que fundó la religión budista actual se llama Buda Shakyamuni. Shakya es el nombre de la familia real en la que nació y muni significa ‘Ser Apto’.
»Buda Shakyamuni nació en el año 624 a. de C. en Lumbini, lugar que en aquel tiempo pertenecía a la India y que hoy forma parte del Nepal. Su madre fue la reina Mayadevi, y su padre, el rey Shudhodana.
»Una noche, en el tiempo del festival de verano, la reina Mayadevi tuvo un sueño; soñó que los guardianes de los cuatro puntos cardinales la llevaban hacia los Himalayas, donde la bañaban en el lago Anutatta, depositándola luego en un delicado lecho de una mansión celestial en la Colina de Plata. Que un elefante blanco descendía del cielo, girando tres veces a su alrededor y tocándola en el costado izquierdo con un loto blanco que llevaba en la trompa, la leyenda también dice que dicho elefante sagrado entraba en su seno, señal de que acababa de concebir a un ser muy especial. El hecho de que el elefante descendiera del cielo significaba que el niño provenía de Tushita, la tierra pura de Buda Maitreya. Al día siguiente contó el sueño a su esposo. El Rey estaba desconcertado, entonces mandó a buscar a algunos hombres sabios que pudieran explicarle el significado de ese sueño. Los sabios respondieron que daría a luz un hijo varón, el cual, de adoptar la vida de hogar se convertiría en un monarca universal, pero si abandonaba su hogar, riquezas y posición y adoptaba la vida religiosa, se convertiría en un Buda, ayudando al mundo a liberarse de la ignorancia y el sufrimiento.
»Al cabo de diez meses lunares, y tal como era costumbre en la India, la futura madre debía alumbrar a su hijo en la casa de sus padres, por lo cual partió hacia la casa de sus progenitores, la cual estaba en Devadaha. En medio del viaje decidió descansar en el parque de Lumbini, un bosquecillo de árboles Sala. En aquel momento el parque estaba lleno del dulce perfume de las flores que crecían en los árboles Sala y miles de pájaros, abejas y otros insectos se agrupaban en ellos. La reina atraída por el lugar ordenó a quienes llevaban el palanquín que se detuvieran allí durante un rato. Se paró frente a un gran árbol y levantó su mano derecha para alcanzar una flor y, en esa posición, con el brazo extendido y de pié, sin sentir dolor dio a luz desde su costado derecho. El nacimiento se produjo en el mes de Vesak, el día de luna llena (en gral. Se toma el año -563) También el nacimiento de Buda es relatado de la siguiente manera: Siddharta nació del costado derecho de su madre cuando ésta se encontraba en el jardín. Cuatro Devas (seres celestiales) recibieron al niño en una red dorada, mientras dos elefantes derramaban agua para bañarlo. El niño dio siete pasos en cada una de las cuatro direcciones y después anunció: “Este es mi último nacimiento; en el futuro no habrá más nacimientos para mí” Mientras lo hacía apuntaba al cielo con su mano derecha y a la tierra con su mano izquierda. Y en las diminutas huellas de sus pies brotaron flores de loto.
»Cuando el rey vio al niño, se llenó de alegría y sintió como si todos sus deseos se hubieran cumplido. El pequeño fue llevado a Kapilavasthu. Un sabio ermitaño, concentrado en samadhi (estado de meditación profunda) visitaba el “Cielo de los Treinta y Tres” (Trayastrimsa), donde los devas estaban llenos de júbilo. Conociendo que la razón era el nacimiento de un futuro Buda en la Tierra, decidió retornar a la misma y dirigirse hacia él para rendirle homenaje. Descendió de las montañas y fue a su encuentro; luego de observarlo se inclinó a sus pies, ante la admiración de Suddhodana, quien no comprendía que un importante sabio como él se inclinara ante un pequeño niño. El ermitaño le dijo: “Este niño está dotado de las treinta y dos marcas de buen augurio” Estas marcas mayores y las ochenta menores sólo se encuentran en un Buda o en un monarca universal. Será un rey chakravatin (monarca que gobierna el mundo entero) o un ser iluminado, hay señales que así lo indican. Puesto que la era de los reyes chakravatines ha pasado, se convertirá en un Buda y su beneficiosa influencia, al igual que los rayos del sol, iluminará a mil millones de mundos”».
Buda no es un nombre, sino un título que significa “el que está despierto”; es decir, despierto a la realidad superior, a las cosas tal y como son. Una persona se convierte en Buda cuando alcanza la iluminación, un estado en que se puede percibir la verdadera naturaleza del mundo.
Al quinto día se celebró la ceremonia del nombre, donde fue llamado Siddharta “el que lleva todo a buen fin” (siendo Gautama su nombre familiar). De ocho brahamanes adivinos, siete predijeron que sería un monarca universal, acorde con el deseo de su padre, quien quería que fuese el heredero de su trono. Sólo uno de ellos, llamado Kondañña – quien más tarde se convertiría en uno de sus primeros discípulos – predijo con seguridad que llegaría a ser un Buda.
Al séptimo día del nacimiento de Siddharta, su madre Mahamaya murió y el niño fue puesto al cuidado de Prajapati Gotami, la hermana menor de su difunta madre, quien también era la segunda esposa de Suddhodana. A los siete años, el príncipe comenzó a estudiar el arte de las letras y de la guerra. Un día de primavera, en ocasión de una fiesta de la siembra, salió al campo acompañando a su padre. Contemplando cómo un agricultor labraba la tierra vio que un pequeño pájaro se llevaba en su pico a un pequeño insecto que había quedado prendido del arado al ser removida la tierra.
“¡Pobres!, las criaturas vivas se comen unas a las otras”. Diciendo esto se sentó solo bajo un árbol a meditar y lo hizo varias horas sin que la sombra del árbol se moviera, entrando en el primer grado profundo de meditación.
Siddharta vivió en el siglo VI A.C, en el mismo tiempo que otros sabios del mundo antiguo como Confucio, Lao Tse, Heráclito y Pitágoras. La familia de Siddharta era rica y poderosa, y su infancia transcurrió en medio de toda clase de lujos y riquezas. Se dice que fue apuesto, buen estudiante y gran atleta. A los 16 años se casó con una noble princesa llamada Yashodara, hija de Supraduddha, quien era hermano de la fallecida reina Maya. Entre los 20 y 30 años se sintió movido por una especie de descontento. Tras haber llevado una vida llena de lujos y placeres, privado del contacto con las cosas tristes de la vida, se encontró en tres paseos sucesivos por los límites de los jardines reales, con escenas por él desconocidas hasta entonces, las que repercutieron profundamente en su interior. Un día, durante un paseo, Gautama se topó con un anciano decrépito, doblado por los años y entonces se dio cuenta que todos los hombres envejecen. Otra vez vio a un hombre desfigurado por las llagas y temblando de fiebre, de este encuentro aprendió que el ser humano padece enfermedades. Después vio el cuerpo de un hombre muerto llevado por sus parientes para ser cremado, lo cual le enseñó la realidad de la muerte. Su cuarto encuentro fue un asceta quien, lleno de paz, llevando una vida de renuncia a las cosas materiales y dominando sus pasiones, vaga en búsqueda de la verdad, siendo feliz a pesar de no ir vestido más que con un simple ropaje amarillo y de llevar un plato donde mendigaba su alimento. Al ver esto, Gautama se dio cuenta que ni siquiera su linaje lo libraría de los acontecimientos naturales de la vida; lo cual le sirvió de inspiración para comprender cuál debía ser su destino.
Poco después escapó de su palacio en su caballo blanco, Kanthaka, acompañado solo por su sirviente Chandaka, despidiéndose en silencio de su familia que dormía. En el bosque se despojó de sus ropas lujosas, cortó su coleta real y se puso unos harapos de mendigo. Entonces se inició en su vida ascética, se dedicó a la meditación solitaria y, después de vencer miedos y tentaciones alcanzó la iluminación divina. Su primer sermón lo dio en las afueras de la ciudad de Benarés, en la India, y a partir de ahí lo siguieron varios discípulos que se entregaron a difundir las enseñanzas de Buda.
Durante seis años aprendió las enseñanzas de los grandes maestros espirituales de la época, pero viendo que no eran suficientes para lograr la liberación y sintiéndose desilucionado con las enseñanzas del hinduismo comenzó a hacer su propia práctica en el bosque de Uruvila, a orillas de un río. Siguió prácticas extremas de automortificación, aprendiendo con el tiempo a existir con un grano de arroz por día, lo cual redujo su cuerpo a un esqueleto. Al darse cuenta que eso no lo llevaba a la sabiduría, a encontrar las respuestas ni a liberarse del sufrimiento, sino que simplemente debilitaba la mente y el cuerpo, abandonó las mismas. Se bañó en el río Neranjana para limpiar la suciedad del cuerpo, abandonó su ayuno extremo y aceptó comida de manos de una mujer llamada Sujata, y recobró las fuerzas. Los cinco ascetas que acompañaban al príncipe en la vida del bosque lo abandonaron porque pensaron que había sido vencido, al aceptar alimento de manos de una mujer, por lo cual quedó sólo. Se sentó bajo un árbol y en silencio entró en su última meditación, aún con riesgo de perder la vida. “Que se seque la sangre, que se pudra la carne y se rompan los huesos, porque hasta encontrar el camino de la Iluminación no me levantaré de este lugar”.
Mientras estaba en meditación profunda bajo una higuera conocida como el árbol de Bohdi (árbol de sabiduría) aquel día el príncipe experimentó una lucha intensa e incomparable. Desesperación, pensamientos confusos, sombras negras del corazón, figuras horribles de la mente. El príncipe los persiguió hasta el más recóndito rincón de su ser y los fue echando uno por uno. Terminó la dolorosa lucha y, al amanecer, al ver la estrella de la mañana, brilló con luz divina, y alcanzó la Iluminación. Se convirtió en un Buda, un Despierto, un Iluminado. Esto sucedió cuando el príncipe contaba con 35 años de edad.
Durante los siguientes cuarenta y cinco años difundió sus enseñanzas, exponiendo las leyes que había descubierto, adecuando sus palabras según du auditorio. Enseñó con amor a sus discípulos, predicó hasta el último momento y, concluyendo su misión como Buda, el Gran Maestro del Mundo entró en completa tranquilidad en el Nirvana, dejando su ejemplo y una gran guía para la humanidad, lo que sirvió de base para lo que hoy conocemos con el nombre de Budismo. Para el tiempo de su muerte, a los 80 años, el budismo se había convertido en una fuerza importante en la India. Tres siglos más tarde, se había extendido en toda Asia. Buda nunca dijo ser una deidad sino más bien un “indicador del camino”; sin embargo, setecientos años más tarde, los seguidores de Buda comenzaron a adorarlo como una deidad.
La pregunta que Gautama buscaba contestar era ¿por qué hay dolor y sufrimiento? El también sostenía la creencia hindú en la reencarnación: después de la muerte uno vuelve a la vida terrenal en una forma de vida superior o inferior según sus obras buenas o malas. Esta creencia promovía una segunda pregunta que necesitaba ser contestada, ¿cómo rompemos el ciclo de renacimiento?.
Las enseñanzas básicas del budismo, por lo tanto, se concentran en lo que Gautama consideraba era la respuesta a estas preguntas. Estas doctrinas básicas se encuentran en las Cuatro Nobles Verdades y el Camino de Ocho Partes.
La Primera Noble Verdad es que hay dolor y sufrimiento en el mundo. Gautama se dio cuenta que el dolor y el sufrimiento son omnipresentes en toda la naturaleza y la vida humana. Existir significa que vamos a encontrarnos con el sufrimiento. El nacimiento es doloroso, y también lo es la muerte. La enfermedad y la vejez son dolorosas. A lo largo de la vida, todas las cosas vivas encuentran sufrimiento.
La Segunda Noble Verdad se relaciona con la causa del sufrimiento. Gautama creía que la raíz del sufrimiento es el deseo. Es la avidez por la riqueza, la felicidad y otras formas de disfrute egoísta la que causa el sufrimiento. Esta avidez nunca puede ser satisfecha porque está arraigada en la ignorancia.
La Tercera Noble Verdad es el final de todo sufrimiento. El sufrimiento cesará cuando una persona pueda liberarse de todo deseo.
La Cuarta Noble Verdad es la extinción de todo deseo siguiendo el camino de ocho partes. “El camino de ocho partes es un sistema de terapia diseñado para desarrollar hábitos que liberarán a las personas de las restricciones causadas por la ignorancia y la avidez”
Aquí están los ocho pasos a seguir en el camino de ocho partes.
El primer paso es el de las Perspectivas Correctas. Uno debe aceptar las cuatro nobles verdades.
El paso dos es la Determinación Correcta. Uno debe renunciar a todos los deseos y a todo pensamiento que se asemeje a la lujuria, amargura y crueldad. No debe dañar a ninguna criatura viviente.
El paso tres es la Palabra Correcta. Uno debe hablar sólo verdad. No puede haber ninguna mentira, calumnia o conversación vana.
El paso cuatro es el Comportamiento Correcto. Uno debe abstenerse de la inmoralidad sexual, de robar y de matar.
El paso cinco es la Ocupación Correcta. Uno debe trabajar en una ocupación que beneficie a otros y que no dañe a nadie.
El paso seis es El Esfuerzo Correcto. Uno debe buscar eliminar toda cualidad malvada de adentro y evitar que surjan nuevas. Uno debería buscar conseguir cualidades buenas y morales y desarrollar las que ya posee. Buscar crecer en madurez y perfección hasta lograr el amor universal.
El paso siete es la Contemplación Correcta. Uno debe ser observador, contemplativo y debe estar libre del deseo y de la aflicción.
Es paso ocho es la Meditación Correcta. Luego de liberarse uno mismo de todos los deseos y de la maldad una persona debe concentrar sus esfuerzos en la meditación para que pueda vencer cualquier sensación de placer o dolor, entrar en un estado de conciencia trascendente y lograr un estado de perfección. Los budistas creen que mediante el esfuerzo propio uno puede lograr el estado de paz y dicha eterna llamado Nirvana.
Tres conceptos importantes para entender el budismo son Karma, Samsara y Nirvana
El Karma se refiere a la ley de causa y efecto en la vida de una persona, cosechando lo que uno ha sembrado. Los budistas creen que toda persona debe pasar por un proceso de nacimiento y renacimiento hasta que llega el estado de Nirvana en donde rompe el ciclo. Según la ley del karma, “Tu eres lo que eres y lo que haces, como resultado de lo que fuiste e hiciste en una reencarnación anterior, lo cual a su vez fue el resultado inevitable de lo que fuiste e hiciste en encarnaciones aun anteriores”. Para un budista, lo que una persona será en la próxima vida depende de las acciones de esa persona en esta vida presente. Buda creía, a diferencia del hinduismo, que una persona puede romper el ciclo de renacimiento, no importa en la clase que haya nacido.
El segundo concepto clave a entender es la ley de Samsara o de Transmigración. Este es uno de los conceptos más desconcertantes y difíciles de comprender del budismo. La ley de Samsara sostiene que todo está en un ciclo de nacimiento y renacimiento. Buda enseñaba que las personas no tienen almas individuales. La existencia de un yo individual, o ego, es una ilusión. No hay ninguna sustancia eterna de una persona que pasa por el ciclo de renacimiento. ¿Qué es entonces, lo que pasa por el ciclo si no es el alma individual?. Lo que pasa por el ciclo de renacimiento es sólo un conjunto de sensaciones, impresiones, momentos presentes, y el karma que es transmitido. “Een otras palabras, así como un proceso conduce a otro…así también una personalidad humana en una existencia es la causa directa del tipo de individualidad que aparece en la próxima”. El nuevo individuo es la próxima vida no será exactamente la misma persona, pero habrá varias similitudes. Cuán próximos serán en sus identidades, Buda no lo definió.
El tercer concepto clave es el Nirvana. El término significa “la extinción” de la existencia. El Nirvana es muy diferente del concepto cristiano del Cielo. El Nirvana no es un lugar, como el Cielo, sino más bien un estado del ser. ¿Qué es exactamente?, Buda nunca lo explicó. El Nirvana es un estado eterno del ser. Es el estado en que la ley del karma y el ciclo de renacimiento llegan a su fin. Es el fin del sufrimiento, un estado donde no hay deseos y la conciencia individual llega a su fin. Aunque a nuestras mentes occidentales pueda sonar como el aniquilamiento, los budistas objetarían tal idea. Gautama nunca dio una descripción exacta del Nirvana, pero su respuesta más cercana fue esta:” Hay, discípulos, una condición donde no hay ni tierra ni agua, ni aire ni luz, ni espacio sin límites, ni tiempo sin límites, ni ningún tipo de ser, ni ideas ni falta de ideas, ni este mundo ni aquel mundo. No hay ni un levantarse ni un fenecer, ni muerte, ni causa ni efecto, ni cambio, ni detenimiento”. Si bien ningún budista realmente entiende la condición de Nirvana, es su esperanza eterna.
Dios y el Budismo
Se le puede haber ocurrido al lector que en nuestra discusión hasta ahora no se ha hecho ninguna mención de Dios o de una deidad eterna. Está claro que Gautama, el fundador del budismo, no decía que era divino. Él decía ser el que indicaba el camino hacia el Nirvana, pero dependía de cada individuo encontrar su camino hacia allá.
El concepto de un Dios personal no encaja en el sistema budista de religión. Hoy hay muchas sectas budistas. Muchas difieren en su concepto de lo divino y de Buda. En general, los budistas son panteístas en su perspectiva de Dios. Muchos ven a Dios como una fuerza impersonal que está formado por todas las cosas vivas y que mantiene unido al universo.
Esto es lo que dicen algunos de los eruditos más destacados acerca de la perspectiva budista de Dios. El Dr. John Noss declara, “no hay ninguna Persona soberana en los cielos manteniendo todo unido. Sólo existe la unidad personal última del ser mismo, cuya paz envuelve al yo individual cuando deja de llamarse “yo” y se disuelve en la pureza anodina del Nirvana, como una gota de rocío se incorpora a su mar maternal.”
Esto es lo que el ya fallecido Dr. Suzuki, uno de los más grandes maestros del budismo Zen, dice acerca de su concepto de Dios: “Si Dios, después de hacer el mundo se coloca fuera de él, ya no es Dios. Si se separa del mundo o quiere separarse, no es Dios. El mundo no es el mundo cuando está separado de Dios. Dios debe estar en el mundo y el mundo en Dios.”
Dado que el budismo en general no cree en un Dios personal o en un ser divino, no tiene adoración, oración o alabanza de un ser divino. No ofrece ninguna forma de redención, perdón, esperanza celestial o juicio final. El budismo es, por lo tanto, más una filosofía moral, un camino de vida ético.
El profesor Kraemer describe al sistema budista como “una disciplina ética no teísta, un sistema de auto-entrenamiento, antropocéntrico, enfatizando la ética y la cultura de la mente y excluyendo a la religión.”
Desde la muerte de Gautama, se han desarrollado muchas sectas dentro del budismo. Muchas de estas sectas difieren en muchas formas fundamentales, y comparar una con otra es como comparar dos religiones separadas. Muchas sectas han desarrollado su propio concepto único de Dios. Algunas son panteístas en su perspectiva de Dios. Otras son ateas. Todavía otras han desarrollado un sistema politeísta de dioses. Algunas han combinado el panteísmo con el politeísmo. Varias sectas han elevado a Gautama (o Buda) al nivel de salvador o ser divino, aunque está claro que él nunca dijo ser una deidad. Otras sectas han combinado algunas de las doctrinas de Dios de otras religiones con el budismo.
Dado que Buda nunca enfatizó su concepto de lo divino, el budismo se queda con varias de las preguntas más profundas de la vida sin responder, preguntas tales como el origen del universo y el propósito de la existencia del hombre.
Un Estudio Comparativo del Cristianismo y el Budismo
Está bastante claro que el cristianismo y el budismo difieren entre sí en formas fundamentales. Algunas sectas del budismo han tratado de sincronizar a ambos. Sin embargo, los dos son tan distintos que no pueden ser correctos ambos a la vez, ni pueden ambos mezclarse juntos. Aquí va la comparación de estas dos religiones.
Muchas de las escrituras y dichos budistas atribuidos a Gautama fueron escritos unos cuatrocientos años después de su muerte. Para cuando se escribieron, el budismo se había dividido en muchas sectas. ¿Qué es lo que tenemos, entonces? Ni siquiera los mejores eruditos están seguros de la exactitud de las escrituras budistas. En el cristianismo, sin embargo, tenemos un relato histórico preciso escrito por testigos que vieron a Jesús y los eventos que rodearon Su vida.
Ambos difieren en su concepto de Dios. Para los budistas, en general, el Absoluto no juega un papel vital en la vida diaria. Gautama dijo poco acerca de su concepto de Dios. Buda negaba la existencia de un Dios personal, pero era monista en su perspectiva del Absoluto como una fuerza impersonal formada por todas las cosas vivas. La Biblia enseña de un Dios que gobierna el universo y cuida del hombre en una forma personal. Salmos 46:10 declara, “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.”
Está claro que Buda nunca dijo ser una deidad. Si bien varias sectas lo han elevado a la categoría de un dios, él dijo claramente que sólo era un indicador del camino al Nirvana. Jesús, sin embargo, dijo ser Dios y no simplemente un indicador de camino, sino el único camino a la vida eterna. Jesús dijo en Juan 14:6, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Juan 1:1 también dice, “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”
Hay otra clara distinción entre estas dos religiones. El budismo no ofrece ni la seguridad del perdón ni la vida eterna. Los budistas esperan entrar en un estado de Nirvana, pero no hay ninguna prueba clara y objetiva o alguna enseñanza sobre lo que ocurre más allá de la tumba. Aun Buda mismo no estaba seguro de lo que había más allá de la muerte. No dejó ninguna enseñanza clara sobre el Nirvana o la eternidad. Lo que dejó son especulaciones filosóficas. Hoy el cuerpo de Buda yace en una tumba en Kusinara, al pie del Himalaya. Los hechos de la vida después de la muerte todavía permanecen como un misterio no resuelto en el budismo.
En el cristianismo tenemos a Uno que asombró a Su audiencia porque enseñaba verdades eternas con autoridad. Su autoridad venía del hecho que existió antes de la creación, y probó sus afirmaciones al levantarse de los muertos. La Resurrección de Jesucristo es un hecho probado de la historia y demuestra claramente la autoridad de Cristo sobre el pecado y la muerte. Cuando testificas a un budista, pregúntale esto: “¿Tienes pruebas tangibles de lo que ocurre después de la muerte?” Todo lo que tiene el budista es la esperanza en una enseñanza acerca de la cual no estaba seguro Buda. Como cristianos, tenemos una esperanza cierta en un Salvador resucitado. No hay que adivinar qué pasa más allá de la tumba porque sólo Cristo ha conquistado la tumba.