El flaco pertenece a la inmortal raza de los artistas puros. Habitó la tierra con una lupa para imágenes insospechadas, supo hacer de su lenguaje el encuentro restallante del poema, de las armonías complejas, las disonancias. Sus palabras operan como relámpagos de iluminación, incluso en su habla; un habla plástica, llena de fulgores. Hizo de sus lecturas un campo de atracción gravitatoria total, desde donde las volvió al lanzar con la materia renovada de su interioridad. Intuición y poética.

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